Me cogieron en la oficina

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Comenzaba el caluroso verano y con él, las vacaciones de la universidad. Estaba dando grandes avances en mi carrera y eso me hacía muy feliz, pero necesitaba plata, mucha plata sobre todo por la proximidad de la graduación, la selección de plazas para el servicio social, etc. Por lo que decidí tomar un trabajo sencillo de oficina que el hermano de mi novio me consiguió para que no estuviéramos todas las vacaciones cogiendo en su casa, supongo.

No podía quejarme, trabajaba de 7 a 3, tenía prestaciones de ley y aunque había mucho trabajo, la paga era justa y me alcanzaba perfecto para ir liquidando mis deudas. Ya llevaba 3 semanas trabajando y todo iba genial hasta que Mati, una compañera sexagenaria pero que necesitaba mucho el trabajo faltó un par de días, algo en extremo raro en ella. Así que decidimos unos compañeros y yo ir a visitarla. El cuadro fue devastador, Mati sufrió un derrame cerebral el fin de semana de manera totalmente repentina como suele pasar en esos casos y peor aún estaba en total soledad cuando pasó.

Después de ponernos a las órdenes de la familia en lo que se ofreciera, el jefe nos mandó llamar en la siguiente semana, Mati tenía daño irreparable y sería pensionada a la brevedad, por el momento su plaza sería ocupada por el siguiente a cargo y se haría una cadena donde todos subiríamos de puesto en automático, dejando mi puesto libre. Después de ver aspirantes entrar y salir de la oficina del jefe, me encontré con él, estaba en la máquina de gaseosas intentando sacar su lata atorada, era alto, cabello castaño oscuro, ojos café claro, cuerpo levemente trabajado en gimnasio, con toda la jovialidad de un chico de 21 y totalmente encantador.

-Debes inclinarla un poco, le dije, sonriendo.

Me miró y me regaló una sonrisa tan seductora que olvidé que debía ir por insumos de oficina y volví a mi asiento.

-Muchas gracias, bella dama- me contestó con voz galante.

-Francisco Lara!! Llamó mi jefe desde su oficina, interrumpiendo el intercambio de miradas sugerente que estábamos sosteniendo.

-Ese soy yo!!- dijo de manera graciosa y entró a la oficina.

Era viernes y me olvidé de él, de Mati y de todos en la oficina. Mi novio y yo quedamos en salir de fin de semana y no quería pensar en otra cosa más.

Rentamos un tour barato, pues hacía ya tiempo que no salíamos como una pareja normal, así que al regresar cogimos como conejos todas las noches, me encantaba cogerlo, su olor, su presencia, su cuerpo era simplemente perfecto para mí, era la única pareja sexual en toda mi vida que me llenó sexualmente y en todo aspecto. Hemos tenido altas y bajas, pero en lo sexual simplemente estábamos más que conectados.

Pero el tiempo pasa inevitablemente, y nuestra relación había pasado de la fase eufórica a una madura sin tantos sobresaltos, no me malinterpreten, todo era genial, la chispa seguía viva, el sexo igual de ardiente, sólo que ya me entienden, era lo que los psicólogos llaman “Un amor maduro”.

Llegó el lunes y con él, todo el ajetreo del inicio de semana “Godínez”, todos corriendo de un lado a otro tratando de sacar todo el trabajo del día desde comenzado el día, en eso Francisco apareció por la puerta principal saludando a todos, yendo directamente conmigo con una sonrisa franca y abierta.

-No tuve tiempo de agradecerte la última vez, pero creo que me trajiste mucha suerte en la entrevista.

Estaba sonrojada y nerviosa, por lo que asentí y sólo dije de manera apenas audible – Por nada, mucho gusto. Soy Olivia, pero aquí todos me dicen Livi.

-Pues mucho gusto Livi, creo que me encantará trabajar aquí. Sonrió de manera amplia y entró en la oficina del jefe.

Ambos salieron unos minutos después y el jefe finalmente anunció que Francisco sería nuestro nuevo compañero y tomaría el lugar que dejé vacante.

-Confío en que Livi te enseñe todo lo que necesitas, pues apenas hace unas semanas ella estaba en este puesto, es una chica muy capaz y estoy seguro que te enseñará muy bien. Francisco clavó sus ojos en mí y sonrió aún más.

Todos nos incorporamos y tratando de ser profesional, me encargué de darle un curso de inducción exprés con lo más importante que debía saber, una vez más relajados, en la hora de comida, nos reunimos todos y fuimos a comer a un restaurant que nos hace descuento a los empleados de la empresa.

-Ya notaste cómo te mira ese muchacho? – increpó mi amiga Alicia

– ¡Estás loca, es un niño!! Sólo tiene 21 añitos- dije más resignada que otra cosa

-bueno, no creo que lo quieras para casarte, con que sepa jugar al papá y la mamá es suficiente, ¿no?

-Eres increíble, le dije en voz baja, ya que Paco, como pronto empezamos a decirle, venía hacia mí con un postre que compró para compartir conmigo

-Esto es para agradecerte por las clases de hoy, estuviste genial. Además de guapa, eres muy inteligente- me dijo, entregándome el plato.

-No era necesario, Paco, lo hago con gusto. Me da gusto que tengas el puesto, además aprendes rápido.

Como era de esperarse, rápidamente los compañeros nos hicieron burla y con el pasar de los días alimentaron constantemente el rumor de que teníamos un amorío y que por eso ya mi novio ni siquiera pisaba la oficina para ir por mí.

El trato con Paco era fácil y sencillo, había una fuerte atracción y aunque después me enteré que tenía novia de su edad, por su puesto, eso no hizo que bajara ni un poco mi atracción por él. Lo mantuve como algo platónico y rechazaba de manera muy cortés sus invitaciones al cine y a salir a cualquier parte.

Llegaron las temporadas vacacionales y uno a uno mis compañeros fueron saliendo de vacaciones hasta que el turno de 3 de ellos llegó al mismo tiempo, dejando un hueco grande de ausentismo en la oficina.

Tuvimos reunión y finalmente el jefe nos preguntó a los presentes si podíamos hacer horas extra entre semana o incluso unas cuantas horas en fin de semana, con pago doble en éstos últimos. Quería comprarme lencería sexy ya que se acercaba el cumple de mi novio y qué mejor que cerrar ese día con un regalo carnal, así que acepté trabajar en fin de semana para no retrasarme ni sobrecargarme con mi trabajo normal.

Finalmente, el día llegó, era sábado y el día especialmente gris, con aura melancólica y de un clima bastante agradable. Llegué tarde a la oficina pensando que estaría sola todo el día así que estaba recién bañada con la blusa a medio abotonar y con café recién hecho. Todo listo para pasar el día sola haciendo informes que nadie leería. Sin embargo, cuando llegué el olor a café embargaba el lugar, había música suave de jazz y como cereza en el pastel estaba este dulce niño vestido como sabe que me derriten los hombres, con barba, pantalón de vestir, camisa impoluta arremangada hasta el codo y un olor a hombre que hizo que ipsofacta mojara las bragas cuando se acercó a darme los buenos días con un beso en la mejilla y sentí la fricción con su barba en mi rostro y su perfume en mi piel.

Me sentí en el nirvana por un momento, Paco incluso aparentaba mayor edad y claramente se había esforzado por crear una temática irresistible para mí.

-Pensé que estaría sola- fue lo único que pude decir como autómata, maldiciéndome después por sonar tan grosera.

Paco lo tomó con humor y con su suave sonrisa, esbozó –Puedo irme si prefieres, es que no podía perder la ocasión de hacerte compañía un sábado así

Sonreí cual estúpida quinceañera y asentí. Éste niño estaba aplicando más galantería y encanto que mis últimos dos novios en todas nuestras citas y esto ni siquiera podía calificar como tal.

Las horas pasaron lentas por la obvia y cada vez más palpable tensión sexual entre ambos. Nos mirábamos, sonreíamos, pero ambos buscábamos más, era obvio en nuestras miradas, en el lenguaje corporal. Pasamos el turno entero, rozándonos de manera “accidental” mientras trabajábamos, yo no podía hacer más que mirar sus brazos tonificados cubiertos por la suave tela de su camisa.

Casi al terminar el turno, le pedí me alcanzara unos documentos en un estante bastante alto, con la única intención de sentirlo cerca una vez más, Paco obedeció y al quedar en su posición inicial, quedamos a unos centímetros uno del otro. Nunca vi sus pupilas tan cerca de las mías, su olor, los detalles más mínimos de su fisionomía. Sólo sentí cómo se aproximó aún más a mi mientras ocurría lo inevitable, cerré los ojos y nos fundimos en un delicioso beso profundo y prohibido. Un largo beso que evidenciaba la atracción acumulada por meses de recato. Como era de esperarse, sus manos no estuvieron quietas, recorrían mi cintura, mi cadera, mi espalda, de manera lenta y seductora, mientras yo me dejaba hacer, acariciando a mi vez su espalda y su cabello de manera suave. El beso aumentó de intensidad rápidamente al sentir cómo sus manos me tomaban con fuerza impulsándome a él, como si tomara algo que le pertenecía, estaba a unos centímetros de mis nalgas y sus manos de manera refleja, llevaban mi pelvis hacia la suya. Y yo, no me podía contener más.

Aumenté la intensidad de mis besos y mis caricias, movía mis caderas a la par que abría suavemente las piernas, en serio necesitaba sentir su hombría, quería cogérmelo ahí mismo. Me tomó de las nalgas y de un impulso me levantó, dejándome caer suavemente en el escritorio, con las piernas abiertas para él a la altura perfecta y donde era mucho más cómodo besarnos. De ahí en más no hubo mucho que nos cohibiera, sus manos apretaron sin piedad mis duras nalgas, llevándome más a su entrepierna, podía sentir el calor que emergía, la dureza de su erección que no dejaba lugar a dudas, su aliento, de pronto enloquecí de un movimiento rompió los botones de mi blusa que le impedían sentir mis senos, parecía un lobo hambriento cuando los vio luchando por salir de la blusa rota, enseguida sentí su rasposa barba hundirse entre ellos, apretándolos y babeándolos profusamente, uno a uno los degustó de manera salvaje.

Se entretenía en mis pezones, los besaba, los mamaba, me volvía loca con todo aquello arrancándome pequeños gemidos que no podía contener. Yo solo me mordía los labios mirando para todos lados, pensando en la posibilidad de ser descubiertos, ante lo cual Paco tomó mi pantalón y con una maestría insuperable abrió los botones y me acarició directamente sobre las bragas, yo estaba depilada totalmente ya que cuando veía a mi novio me encantaba que pasara horas dándome sexo oral, así que me cuidaba mucho el vello púbico.

Lanzó un gemido largo al sentir mis labios vaginales gorditos, depilados y muy mojaditos, los masajeó largo rato y jugó con mi clítoris un momento hasta que me dolió de tanto placer. Yo sola me estaba quitando los pantalones ahí en el escritorio, todo lo que quería era que me cogiera ya en ese momento y lo sabía, me regaló la sonrisa más ególatra que hubiera visto en un hombre, me tenía y lo sabía.

En un parpadeo desabroché su pantalón, dejando salir su enorme miembro duro como cemento, grueso como jamás vi otro y tan excitado que había mojado incluso el bóxer en gran medida. Me levanté como resorte al verlo y bajé para regalarle una chupada épica, como ni a mi novio le había mamado jamás, tan sólo verla me fui como desesperada a mamarla, metérmela hasta donde me cupo, le mamé la verga, cada vena, cada surco, llegaba al glande sólo para mamarle de la manera más deliciosa que sabía hacer, quería probar su liquido así que mamé y mamé hasta que me regaló más y más de ese rico néctar de hombre, era agridulce, realmente un placer, le mamé la verga con tantas ganas que en toda la oficina se escuchaba como me hundía mamando y mamando como si en la vida hubiera probado una.

Me pidió que por favor parara y me ayudó a levantarme y a colocarme de nuevo en el escritorio. Me abrió de piernas y hundió su cara en mi vagina, podía sentir su lengua sin mucha experiencia, pero con sobrada pasión incursionando entre mi clítoris y mis labios menores, finalmente cuando llegó a ellos, los mamó y besó con tantas ganas que me vine ahí en su boca y gemí sin importarme un bledo el lugar, cuando volví en mí y lo miré, él me miraba con lujuria, con la boca y barbilla llenas de mis jugos que me dio a probar con un dulce beso, mismo con el que me acomodó en el escritorio y sin más me penetró de una embestida. A lo que yo gemí como si de mi primera vez se tratara. Me mordía los labios para bajar la intensidad de mis gemidos, pero Paco tenía todo el ímpetu que se tiene a los 21 años, bombeaba como si no hubiera mañana, lo cual, aunado al calibre de su herramienta, me propinaba orgasmos brutales uno seguido del otro, sin cesar. Era como si mi vagina fuera una fuente de orgasmos interminables, hasta que sentí cómo sus embestidas se hacían tan violentas que dolían, sentía que me iba a partir el cérvix en dos, me dolía pero me excitaba sobremanera su manera de follar, ya no gemía, juro que gritaba en ese momento de tanto placer hasta que sentí su caliente leche mojando mis entrañas, era extraordinaria la manera en que sentía la potencia de su orgasmo, no sé si tenía mucho sin coger o si la situación le puso tanto como a mí, pero jamás había sentido tanta leche en mi puchita, literal me escurría con solo moverme, se sentía delicioso, aún en su periodo refractario, me tocaba los senos, me los mamaba, me besaba, quería disfrutar hasta el último momento de ese momento.  Yo me sentía en la gloria casi acostada en el escritorio, víctima de mil orgasmos brutales, con la verga aún metida en lo más profundo de mi y totalmente llena de espesa y caliente leche, sentía como escurría por mis labios vaginales, mis piernas y llegaba al escritorio, con los senos mordidos y mamados con total maestría y viendo que Paco disfrutó igual o más de cogerme así.

No me entiendan mal, el sexo con mi novio siempre fue y será increíble, pero Paco, su edad, su potencia, lo prohibido de la situación, era simplemente otro nivel.

Nos vestimos y actuamos como un par de adolescentes enamorados, nos besamos interminablemente una y otra vez, nos dimos un faje rápido en el ascensor y salimos a la calle. Fuimos directo a mi casa, donde de nuevo tuvimos sexo un par de veces más y pasamos el resto del día juntos, al siguiente día ambos teníamos planes con nuestras respectivas parejas, por lo que lo dejamos así, Sin embargo ni bien nos vimos el lunes, nos escapamos a la bodega de suministros y en menos de 20 minutos tuvimos sexo entre los estantes, lo hice venirse en mí a la velocidad de la luz, llevaba falda y aunque terminando fui al baño a asearme, eso no impidió que me escurriera leche mientras trabajaba lo que quedaba de mi turno.

Mi novio dice que estoy más sexosa que antes, que seguramente tengo demasiado estrés en la oficina y lo exploto con nuestra sexualidad, a veces siento culpa con todo esto, pero quién me dice que él no hace o me hizo lo mismo alguna vez. Además, siempre dice que le gusta más mi nueva yo más puta y sexosa, y eso es algo bueno, ¿o no?

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