Mi mujer me hizo cornudo

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Este relato es verídico y los nombres son reales, ya no tengo nada que ocultar. Me llamo Luis, hace tiempo que estoy casado con Ana. Mis amigos me decían que no les daba confianza, pero yo estaba muy enamorado y no quería otra cosa que casarme con ella. Durante el noviazgo, hubo sospechas de cuernos, pero nunca certezas. Yo todo lo achacaba a que soy muy celoso. Llegó la boda y mi felicidad era inmensa. Todo era un sueño. Las sospechas de cuernos seguían creciendo, pero ella siempre lo negaba. Tras varios meses casados, estábamos de vacaciones en La Manga. Nos instalamos 15 días, aunque yo tenía que ir a trabajar 2 días a Madrid. Al volver, encontré a Ana con Antonio, el amigo con el que sospechaba me ponía los cuernos. Estaban los dos en el apartamento y actuaron con la mayor normalidad del mundo. El corazón me dio un vuelco y se me puso a mil. Miré a Ana con cara de sorpresa y ella con una sonrisa de oreja a oreja me dijo que Antonio le había dado una sorpresa y había ido a verla. Que le apetecía mucho enseñarle la playa donde estábamos y que le diéramos una vuelta en nuestra lancha.Me fui tranquilizando pensando que no pasaba nada y todo era tal y como me lo contaban. Quedamos en salir en lancha por la tarde sobre las 5. llegamos los 3 al embarcadero y salimos a navegar, Yo llevaba la lancha y ana y antonio estaban sentados en el asiento de popa. estaban muy juntitos y sorprendentemente, empecé a empalmarme y a excitarme muchísimo. Ana pasó su brazo por el hombro de Antonio y apoyó su cabeza sobre el. Me miraba desafiante por el retrovisor, viendo que yo les miraba y no era capaz de hacer nada, que me había quedado paralizado. Mi cara era de sorpresa y alucine, por la situación y porque me había quedado paralizado, como en esos sueños que quieres gritar y no puedes, que quieres correr y no puedes, yo miraba por el espejo mientras conducía, como mi mujer, estaba abrazando a Antonio delante de mis narices. De pronto, Ana, se giró hacia el mientras me miraba de reojo por el espejo y le dio un morreo intenso, excitante y largo. Yo seguía conduciendo, yo seguía mirando por el espejo como mi mujer estaba besando locamente al hombre con el que sospeché en alguna ocasión que me ponía los cuernos. Ana se mostraba apasionada y excitada, empezando a masajearle los huevos y a tocar con ansia su polla. Antonio empezó a jugar viendo que yo estaba paralizado y empezó a sobar las tetas de Ana. Se revolcaban los dos en el sillón de popa, acariciandose como locos. En un momento de lucidez, desaceleré y paré la lancha. Conseguí levantarme y mirar hacia ellos, pero totalmente mudo y mirándoles con cara de alucinado. Ana se levantó corriendo y vino hacia mi. Lo primero que hizo fue tocarme los huevos y cuando vio el empalme que tenía, sonrió y me dijo, no te preocupes, “no es lo que parece”, es solo un buen amigo, pero no te preocupes por nada. Todo me lo decía mientras seguía masajeando mis huevos y mi polla y con una gran sonrisa.

“Venga vámonos ya a puerto, que me apetece darme una ducha y descansar en el apartamento antes de cenar.” Volvimos puerto y aunque no les quité la vista de encima, no volvieron a besarse ni tocarse, eso si, se decían secretitos al oído y se reían constantemente.
Llegamos a puerto, dejamos la lancha y Ana me dijo que mientras yo recogía y ponía la lona, Antonio le llevaría al apartamento, que le pillaba de paso y así iría duchándose. Sorprendentemente, volví a quedarme paralizado y mudo y tal cual me lo dijo, se fueron y volví a empalmarme. No entendía porque, pero la situación me provocaba una excitación y un morbo increible y sobre todo parálisis, sentía que no tenía voluntad, que no tenía criterio propio, que no tenía decisión sobre mi mismo y mucho menos sobre Ana.
Recogí rápidamente y enseguida me fui al apartamento, estaba excitadisimo y quería follar como un loco con Ana. A pesar de lo ocurrido y la lógica, cuando llegué al apartamento, no esperaba encontrarme con Antonio allí. Entré y estaban sentados los dos en el salón. Ana me miró otra vez con mirada lasciba de loba y sonrisa burlona y cogió a Antonio y volvió a besarle y abrazarle delante de mi. empezó a meterle mano y a coger su mano poniendosela en sus tetas. Le cogió la otra mano y se la puso en el culo. Yo me quedé delante de ellos otra vez paralizado, sin moverme, sin hablar, sin actuar, sin decidir, como esperando ordenes de Ana. Me miró fíjamente y volvió a ver que estaba mas empalmado que nunca, que mi pollo miraba hacia arriba como si estuviera deseando salir del bañador para ver lo que estaba haciendo mi mujer. Antonio tenía una camiseta y un bañador y Ana una blusa y la parte de abajo del bikini. Ana le quitó a Antonio la camiseta y le dejó en bañador. le acariciaba con deseo, le acariciaba todo su cuerpo con pasión. Puede ver el bulto que tenía Antonio bajo el bañador y prometía ser enorme. Ana me dió la orden de desnudarla. “Luis, desnúdame, quítame la blusa y el bikini!” Yo no se que me pasaba, pero no pensaba, no decidía, no podía actuar de otra manera que lo que me dijera Ana. Estaba como himnotizado. Le quité la blusa y el bikini y dejé sus tetas, su culo y su coño a la vista de Antonio. Había desnudado a mi mujer delante de otro. Enseguida Ana me dijo “dile a Antonio que puede hacer lo que quiera con tu mujer”. “Antonio, haz lo que quieras con mi mujer”. Es como si ella hablara por mi, como si controlara mis deseos, mis pensamientos, mi cerebro y mis músculos. Antonio la tomó en sus manos y la acarició por todo el cuerpo, le metió mano por su coñito, le acarició las tetas, se revolcó con ella mientras yo miraba todo impávido. No podía dejar de mirar cada detalle, como Antonio estaba revolcándose con mi mujer. De pronto Ana, volvió a darme una orden. “Luis, quítale el bañador a Antonio!” y yo sin rechistar, sin resistirme lo mas mínimo, le bajé el bañador a Antonio, el tío que estaba sobando y acariciando a mi mujer delante de mi. Era como preparar al corneador que me iba a hacer cornudo. Cuando estaba desnudo, llegó uno de los platos fuertes. Me dijo Ana, “quiero que le prepares para mi” Me quedé tan helado, que ni sabía lo que quería decir, me quedé paralizado mirando la polla de Antonio. Ana, se acercó, me cogió de la cabeza, me hizo arrodillarme y me llevó la cabeza a la polla de Antonio. No me lo podía creer, veía como mi boca se acercaba poco a poco a la polla de Antonio, como no había posibilidad de negarme, de resistirme, de decir que no, de hacer algo, pero era imposible, solo podía hacer la voluntad de Ana y lo que ella quería es humillarme, que arrodillado, chupara la polla de Antonio, chupara la polla del que iba a ser mi corneador, que yo preparara la polla que se iba a follar a mi mujer. Así lo hice, nunca jamás había chupado, ni siquiera tocado una polla. Nunca jamás se me había pasado por la cabeza hacerlo y mucho menos delante de mi mujer y mucho menos para que se follara a mi mujer en mis narices. Todo eso se me pasaba por la cabeza mientras chupaba la polla de Antonio, mientras la lubricaba para que se follara a mi mujer.
Cuando Ana decidió que era suficiente, sacó la polla de antonio de mi boca, se tumbaron los dos en la cama y tras un buen rato de caricias, lametones y besos, me dijo “mete la polla de Antonio en el coño de tu mujer, quiero que seas tu, quiero que tu, con tus manitas, metas la polla de Antonio en mi coño.” Otra vez actué según su voluntad, abierta ella de piernas, mirándome con cara de superioridad, de dominanta, de sorinsa y de poder, vió como cogí la polla de Antonio y la metí en el coño de mi mujer. Ese fue un momento increible, de no retorno, de no hay vuelta atrás. Desde ese mismo instante, yo ya era un cornudo, había pasado en ese instante de no ser cornudo a ser cornudo para toda mi vida, al menos que yo supiera. Empezaron a follar como locos delante de mi, no me perdí detalle de como bombeaba Antonio, de como gemía Ana, de como se retorcían y como disfrutaban. No me podía creer que estuviera allí viendo como otro tío se follaba a mi mujer en mis narices, como yo era no solo consentidor de la situación sino que parte activa, como había entregado a mi mujer a Antonio, como me estaban humillando y como yo me dejaba humillar. Los dos me miraban sonrientes, los dos me llamaban cornudo, me decian que mirara, que aprendiera, que ya era un cornudo para toda mi vida, que eso es algo que se es o no se es y que yo ya lo era.
Antonio no paraba de decirme; “me encanta tu mujer, me encanta follarla, me encanta que veas como el hago disfrutar” Ana, en el momento que vio que empecé a hacerme una paja porque ya no podía mas de excitación, me dijo que quieto, que no hiciera nada, que todavía no era mi turno.
Por supuesto dejé de tocarme. Cuando vi que estaban acercándose al orgasmo, en un momento de lucidez e independencia que pude pensar y hablar por mi mismo, le dije a Ana, “Antonio, no tiene condón, os lo traigo?” Su respuesta hizo que me diera otro vuelco al corazón y pasara de 1000 a 2000. “No cornudito, el condón es para cuando me follas tu, con Antonio no lo necesito, quiero que se corra dentro de mi y me inunde con su esperma.” Cuando terminó de decirlo, los dos alcanzaron un orgasmo al unisono increible, creía que Antonio desaparecería dentro de Ana y Ana gritaba como si le estuvieran matando. Fue incerible ver el orgasmo que tuvieron, el orgasmo que tuvo mi mujer con otro tío delante de mi y que se corrió dentro de ella sin importarle lo mas mínimo quedarse embarazada.
Después de todo lo que había visto y vivido aquel día, creía que no vería nada mas y que ya era mi turno y podría follarme a Ana para descargar toda mi excitación, pero no, la humillación no solo seguía sino que cada vez era mayor. “Cornudito, limpiame el coño, quiero que te comas hasta la última gota del semen que ha dejado Antonio en el coñito de tu mujer. Quiero ver como limpias de mi coño el esperma que ha dejado Antonio.” Me cogió de la cabeza y me la metió entre sus piernas. Yo por supuesto, lamí, comí y limpié hasta la última gota de esperma del coño de mi mujer. Chupé y chupé sin parar hasta que ella decidió que parara y que tenía que limpiar la polla de mi corneador. “Ahora, deja la polla que te ha hecho cornudo limpitia. Bésala con respeto y limpiala bien.” me metí la polla de Antonio en la boca y la limpié hasta la última gota. Ya no me quedaba nada de dignidad, de orgullos, de voluntad ni de nada. La humillación fue tan brutal, que no me lo podía creer.
Cuando terminé, Ana me dijo que era mi turno. Por fin me podré follar a Ana. Pero me dijo que mi turno era hacerme una paja, quería que Antonio viera como me hacía una paja, disfrutando del placer de ser cornudo, quería seguir con la humillación de tenerme delante de alla y de Antonio haciendome una paja mientras ellos miraban y se reían del cornudito. Me corrí enseguida y todo mi esperma calló sobre mi tripa. Ana me obligó a comerme hasta la última gota de mi esperma.
No tengo ni idea como pude dejar que Ana hiciera eso, no tengo ni idea porque no reaccioné de otra manera, no tengo ni idea de que es lo que pasó, pero todo pasó tal cual os lo he contado. Desde ese día, mi vida cambió, me di cuenta de que era un esclavo de la voluntad de mi mujer. Ella es la que decide las cosas por mi. En la vida normal, aparentemente somos una pareja normal, pero en la vida sexual, ella decide como, cuando, con quien y todo. No concibe un viaje sin ponerme los cuernos, no concibe salir un fin de semana sin humillarme. Yo ya lo he asumido y disfruto con mi condición de cornudo sumiso. El siguiente paso, está claro, es cuando se quede embarazada, que no será de mi, pues a mi solo me deja follarla con condón, será de uno de sus amantes, que siempre se la follan sin condón y se corren dentro para que yo le limpie.
Ya como comprendereis me da igual revelar mi nombre. No puede haber mas humilacion. Y lo mas impactante es que lo acepto y lo llego a disfutar.

 

 

Fuente: todorelatos

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